Duelo migratorio

Un duelo real

El duelo migratorio acompaña con frecuencia a quienes deciden migrar, a pesar de las expectativas de mejores oportunidades y una nueva experiencia, donde se preveen múltiples beneficios, entre ellos el aprender un nuevo idioma, realizar estudios especializados y acceder a becas, encontrar una actividad laboral con una remuneración económica mejor y mejor calidad de vida, adicional al intercambio cultural.

 En otros casos, la migración responde al deseo de un nuevo comienzo o incluso la necesidad de alejarse o huir de situaciones adversas en el país de origen, condición que en ocasiones puede llevar a solicitar refugio o asilo político. En definitiva, la migración suele estar acompañada por la ilusión de construir una nueva vida.

pese a esta perspectiva optimista, migrar implica un costo adaptativo y un trabajo de duelo migratorio, que deben asumirse para poder sostenerse en esta decisión y lograr propósitos previos, consistentes con la apuesta y el deseo de una mejor vida.

Se requiere precisar que, al haber una migración forzada, cuya ruptura fue traumática, la necesidad de un trabajo elaborativo aumenta. 

En lo que respecta a la adaptación, el aprendizaje o afianzamiento del idioma, constituye uno de los desafíos principales.  Este proceso puede implicar frustraciones relacionadas con la comprensión de lo escuchado, las dificultades para expresarse adecuadamente y la expectativa de acelerar el proceso de aprendizaje.

Ante estas dificultades pueden surgir inseguridades personales e inhibiciones, vividas en ocasiones como una especie de parálisis automática en situaciones que impliquen exponerse ante otros. Esta condición puede intensificarse en contextos laborales o académicos, derivado de las exigencias y las demandas comunicativas.  

 De igual manera la condición climática puede influir en el proceso adaptativo, especialmente cuando la diferencia es marcada con la acostumbrada a la del país de origen, afectando en algunos casos el estado de ánimo. A la par de demandar cambios en el estilo de vida.

 En simultaneo el duelo migratorio puede experimentarse ante la presencia de diferencias culturales que inciden en percepciones y sentimientos de soledad o aislamiento. Cuyos efectos pueden reflejarse en la vivencia de desajuste y desorientación en las interacciones, asociadas a la pérdida del lugar, estatus y reconocimiento social con que se contaba en el país de origen, a la par de sentirse extraño y dudar que ya no se es, ni se puede ser el mismo.

Esta experimentación puede enlazarse a la pérdida de identidad cultural, el “no sentirse ni de allá ni de acá”.

Reconociéndose el desafío de centrarse en el presente y poder apreciar nuevas formas de tradición cultural, socialización y diferentes estilos personales, que hacen parte de esta nueva experiencia, lo cual se afianza con el trabajo de duelo, el cual no elimina la nostalgia, pero en el mejor de los casos deja de ser un afecto triste y limitante.

Ahondando en la nostalgia, esta reaparece con mayor frecuencia en fechas especiales, por la vida que se tenía y por personas de alta significación afectiva, cuya presencia está limitada por la distancia. 

No obstante, el poder determinar el tiempo de permanencia en el país de residencia, puede aliviar parcialmente estos afectos, al realizar preparativos futuros para el reencuentro, ya sea mediante visitas familiares o un retorno definitivo al país de origen, sin dejar de ser dolorosas las despedidas.

Este duelo podría causar angustia por separación, activándose el temor a la pérdida definitiva de algún ser querido, el cálculo de perder su amor, e incluso una culpabilidad de estar ausente, por no poder estar ahí con y para ellos, más aún cuando existe una enfermedad, con cercanía a la muerte o cualquier accidente vital, que represente impotencia.

 Asimismo, el vivir el duelo por muerte de una familiar podría causar culpa por no estar presente en los rituales funerarios para despedir al fallecido y no poder acompañar a la familia, generándose la sensación de una experiencia inconclusa e irreal propia a la negación.

Duelo Migratorio y factores individuales

El duelo migratorio puede estar fuertemente influenciado por factores individuales,como: la historia personal, el modo particular de afrontar los duelos y el contexto actual, además suele ser más durable y complicado al existir una dependencia más acentuada en la manera de establecer vínculos, y un umbral disminuido para tolerar la ausencia o la separación- aun cuando la migración haya sido una decisión propia, adicional a la posición subjetiva frente a los cambios- donde la flexibilidad se pone a prueba, la idealización de la vida anterior y la tendencia a una mayor concentración en la experiencia pasada, fijación en recuerdos y dificultad para resignarse a la pérdida de algunas costumbres que no hacen parte del nuevo contexto socio cultural.  

Por el contrario se puede avanzar en el trabajo de duelo, al contar con recursos personales consistentes con el reconocimiento del deseo y la necesidad de fortalecer las relaciones con familiares cercanos (si los hay), la construcción de nuevos lazos sociales fuertes, una conciencia del presente y claridad en el compromiso asumido.

Asimismo, el saber sortear la ausencia de seres queridos y construir con ellos nuevas formas de intimidad y cercanía que mantengan vivo el vínculo. En este proceso también resulta deseable reconocer la falta de control sobre ciertos acontecimientos vitales y asumir la responsabilidad por la elección tomada, lo cual favorece una aceptación más amplia de sus consecuencias.

¿Cuándo es recomendable el acompañamiento psicoterapéutico para elaborar el duelo migratorio?

El acompañamiento puede ser benéfico en todos los casos ya que esta experiencia combina duelo y adaptación, al tener en cuenta las consecuencias no calculadas, la idealización previa de la migración, versus la discrepancia con la vivencia real, además de las dualidades propias al reconocimiento de ganancias y pérdidas ineludibles en este proceso.   

Por su parte la presencia de los factores individuales ya nombrados: modo de establecer vínculos con menor tolerancia a la separación y ausencia, idealización de la vida pasada, ambivalencia en la decisión tomada y conflicto con nuevas costumbres, supone innegablemente la necesidad de acompañamiento.

También habra que coniderar la presencia de un duelo prolongado, que interfiera significativamente con la nueva vida, e incluso haya tenido efectos importantes en el estado de ánimo habitual.

De manera especial, cuando la migración obedece a una decisión externa y obligada por las circunstancias o es decidida por la persona a cargo de la familia, lo cual sucede con mayor frecuencia en el caso de niños y adolescentes; lo que complejiza estos procesos en cualquier momento de la estancia, considerándose la posibilidad de un duelo que podría pasar desapercibido y haberse camuflado en otra dificultad.

A su vez cuando haya sido una decisión derivada de la ruptura traumática con el lugar de origen y con ello el estar confinado en el país de residencia por la medida solicitada de asilo político o refugio, lo cual implica la elaboración del trauma, un duelo forzado que va más allá de un proyecto libremente elegido y la imposibilidad de un retorno cercano al lugar de origen, lo cual implica desarraigo y una separación/ausencia prolongada de los seres queridos.